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La empresa sorteó la crisis del mercado con nacionalizaciones, diversificación de portafolio y productos de mayor valor agregado, informa Auto Industria.

Si la pandemia generó un gran desorden industrial e incertidumbres que aún persisten en toda la economía, también representó oportunidades de crecimiento para algunas operaciones de grandes grupos globales. Este es el caso de Robert Bosch América Latina, que registró ingresos un 35% más altos en 2021, R$ 9,2 mil millones, incluidas las exportaciones y los negocios de las filiales.

Para llegar a este resultado, que, en un principio, puede parecer sorprendente en un período de mercado automotriz irregular e incluso en caída, Gastón Díaz Pérez, director general y presidente de la división, dice que la empresa invirtió en localización de productos, tecnologías y servicios, diversificación de la cartera de mayor valor agregado y que estaba preparado para una eventual reanudación de la demanda después de 2020.

Incluso la inconsistencia en el suministro de semiconductores —un problema generalizado en todo el mundo y en varios sectores— ha sido sorteada, según el ejecutivo, con mayor eficiencia por parte del grupo alemán. “La falta de semiconductores nos ha afectado, sí, pero no los necesitamos para las líneas. Pero está claro que si tuviéramos más componentes, habríamos producido más”, dice Pérez, asegurando que los inventarios y su buen manejo han hecho la diferencia a favor de la empresa.

PÉREZ: NACIONALIZACIÓN Y TECNOLOGÍAS COMO PREMISAS PARA EL CRECIMIENTOBOS2

“Aún con las incertidumbres, logramos crecer dramáticamente en todas nuestras áreas de operación y países donde estamos presentes. Este es sin duda el mejor resultado del Grupo Bosch en la región en los últimos años. El resultado es un 42% superior al periodo previo a la pandemia”, celebra el presidente ejecutivo, argentino que asumió en enero de este año.

El mercado más grande, Brasil, naturalmente, también tiene una mayor participación en los resultados del grupo en América Latina, región que representa el 3% de las ventas mundiales de Bosch. El negocio en el país representó el 73% de las ventas en América Latina, R$ 6,9 mil millones, el 25% generado en exportaciones a países vecinos, además de clientes en América del Norte y Europa. Solo el segmento automotriz representó R$ 5,4 mil millones.

Pérez no arriesga una proyección concreta de cómo evolucionarán las ventas de la operación latinoamericana en 2022. “Siempre estamos en un ambiente volátil, pero la perspectiva es cerrar con un crecimiento modesto”, dice el ejecutivo, quien admite haber recalculada por menos tres veces en 2022 y que, a día de hoy, las cifras esperadas son inferiores a las trazadas a principios de año.

En estas revisiones, Bosch comenzó a considerar no solo y especialmente la situación económica de Brasil, impactada por la inflación, las altas tasas de interés y las incertidumbres de un año electoral, sino también el conflicto en Ucrania y el nuevo recrudecimiento de la pandemia en China, que tiende a obstaculizar la producción de semiconductores y el flujo logístico de los envíos en todo el mundo.

De todos modos, la empresa ya adelanta un plan de inversiones en 2022 de R$ 331 millones, con el objetivo de desarrollar y competir en sus unidades fabriles en la región.BOS3

La nacionalización de componentes, acelerada en los últimos tres años, es una de las herramientas con las que la empresa pretende seguir sorteando la dependencia de la convulsa cadena de suministro internacional. La idea es avanzar en todos los segmentos y luego, a una tasa del 2% anual por lo menos los próximos años, aprovechando también la mayor competitividad del real devaluado frente al dólar y el euro.

La electrificación de los vehículos producidos en la región es una oportunidad prevista por Pérez, pero que aún debe ser vista con cautela por parte de los proveedores. El proceso, según el consejero delegado de Bosch, será a un ritmo mucho más lento que en Europa, donde se espera que casi toda, si no toda, la producción sea de vehículos eléctricos a partir de 2030.

El ejecutivo prefiere mantener reservas sobre la producción local de componentes y sistemas para el segmento, así como sobre posibles negociaciones de los sectores industriales para establecer una base de producción de semiconductores en Brasil.

Pérez ve no solo las limitaciones naturales de los mercados de menor poder adquisitivo como un impedimento para la producción y suministro local de componentes y tecnologías para vehículos a batería, por ejemplo. La vocación de Brasil por los biocombustibles debe explorarse para crear más alternativas de movilidad limpia, especialmente el etanol.

Bosch también ve en la región bases favorables para el desarrollo de la digitalización y la prestación de servicios en esta área, incluso para mercados de otros continentes.

“En los últimos dos años, en medio de la pandemia, hemos duplicado el número de empleados que trabajan en la exportación de servicios de alto valor agregado de 300 a 600 profesionales”, recuerda Pérez, quien identifica en Brasil infraestructura logística, mano de obra calificada y costos competitivos que tienen potencial para hacer de la operación latinoamericana un centro de competencia global en transformación digital.

 


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